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Mariana Bianchini
Formación
Empecé a estudiar canto a los 15 años, me gustaba mucho cantar, cantaba con mi viejo Roberto Bianchini (quien fue bajista de Billy Bond) temas de los Beatles todo el tiempo e imitaba a Valeria Lynch en el garaje de mi casa pero el primer motivo que me llevó a tomar clases de canto fue que estaba enamorada del cantante de la banda de mi hermano mayor y quería que me invite a cantar con él, mas precisamente quería cantar Candy de Iggy Pop con él (la versión en que esta junto a Kate Pierson).
Mi primera maestra fué Clara Marsan , una cantante lírica , aprendí mucho de ella imitando su colocación de soprano ligera, observando la panza como se salía para afuera en cada respiración.. la recuerdo con mucho cariño, aún me siento sonreír al cantar de la misma manera en que ella lo hacía, pero si bien amaba la sensación de cantar sobreagudos elevando el velo de paladar esa voz que escuchaba no me gustaba . Sentía que estaba imitando el sonido de esas señoras que cantan opera.. y dejé de ir.
 

Qué dice la prensa acerca de Panza y Mariana
Por Diego Mazzei LNR (La Nación Revista), 12 de Sep. 2010
Panza - La Madre de todos los Picantes
Empecemos por el principio: una banda autogestionada que en tiempos de vacas flacas para la venta de discos edita un trabajo... ¡triple! Si a esa osadía se le agrega que es una obra de rock salvaje, arriesgado y con sustento, y que el arte del disco es impecable, la ecuación es perfecta. Un guitarrista fuori serie, como Sergio Alvarez, + la voz angelical/brutal de Mariana Bianchini + el apoyo de una base demoledota. Para ir degustando de a poco, a todo volumen, y sentir el orgullo de que hay proyextos que apuestan por el riesgo sin perder la esencia. Ah, trae un irónico manial de instrucciones que conviene seguir al pie de la letra.
Por Diego Mazzei
link: http://blogs.lanacion.com.ar/el-amplificador/lanzamientos/panza/

Panza, paladines del riesgo
Hay posturas y posturas en el rock nuestro de cada día. También hay no posturas o antiposturas, que serían lo contrario, aunque también implicarían cierto tipo de postura. En fin, quiero decir que también hay bandas que no esperan más que hacer buenas canciones, buenos discos y disfrutar de la música allí desde otro lugar, agazapadas mientras las modas, la zoncera, lo artificial, desfilan por los primeros planos. Panza es uno de esos casos al que uno le da vueltas y vueltas y siempre llega a la misma conclusión: hacen (muy bien) lo que les viene en gana. En tiempos de crisis discográfica, de bandas anchas y no tanto, de randoms sin ningún tipo de lógica, esta gente se despacha con un disco triple, con 44 canciones, con un arte de tapa notable, con un rock para que bailen tus tripas, con una mordacidad que hace tambalear nuestros pobres principios, con una búsqueda maravillosa del riesgo a pesar de lo que diga –si lo hubiese– el “Padre rico, padre pobre” del rock.
Tal vez haya fórmulas para la notoriedad; estos tipos (bueno, tres tipos y una tipa) parecen tenerla y limpiarse el trasero con ella. Porque Sergio Alvarez es guitarrista fuoriclasse y demencial que te inventa riffs, contrapuntos y acordes inesperados, porque la base rítmica (Franco Barroso y Pablo Contursi) te aplasta si no te corrés de la línea del parlante, y porque Mariana Bianchini, mezcla de Agláope y Telxiepia, te patea el trasero justo en el momento en que uno está cautivado y seducido. “Si ya estás harto de sentirte a salvo, de que todo suene igual/ yo te invito a apagar la radio, Panza va a tocar”, grita en Big Bang. Esa radio, ese universo superficial y soso que se monta sobre vacíos megafestivales donde nadie escucha a nadie, se pierde y se seguirá perdiendo las grandes canciones de Panza. Allá ellos; acá nosotros.
Ah, el disco se llama La madre de todos los picantes. Escucharlo todo demanda muuuucho tiempo.
Y perdón por la catarsis…

 
marianabianchini